Cuando se cumplen 23 años desde que «Bolero Falaz» situara a Aterciopelados en el panorama musical latinoamericano, la banda colombiana de rock todavía tiene algo que decir porque, como explica su bajista, Héctor Buitrago, tratan de conservar la «irreverencia y curiosidad» de sus inicios.

 

La banda recibe a Efe en el que fue el estudio de grabación de Buitrago, en el residencial barrio de Cedritos de la capital colombiana, un lugar santuario del grupo y en el que todo recuerda a Aterciopelados, desde los cuadros en las paredes hasta los innumerables premios ganados.

Unos premios a los que se les puede añadir un Grammy en la categoría de mejor álbum alternativo por su último trabajo, «Claroscuro», aunque ellos mismos quitan hierro a los galardones porque, dicen, «dependen más de que la música te emocione».

«Eso no es lo que valida tu trabajo. No dependemos de esas cosas», sentencia Andrea Echeverri, la cantante del grupo. Su nominación emerge como una flor en un páramo musical en una industria que en la que prima el reguetón y las letras comerciales sin un mensaje político aparente.

Aunque ellos mismos reconocen que la ideología «está un poco desprestigiada», dicen que no van a dejar de ser reivindicativos porque son «viejos y tercos».

«Tanta revolución y tantos ideales… ¿y qué? Estamos en un mundo neoliberal totalmente esclavizados por el trabajo y por tener que producir dinero», se lamenta la vocalista.

Ella, que asistió a un almuerzo de mujeres por su nominación a los Grammy, carga contra una industria y unos artistas que están haciendo dinero «a costa de que en el mundo violan a no sé cuántas mujeres al minuto».

Una de las ponentes de ese almuerzo fue la estadounidense Becky G, que en uno de sus éxitos canta «A ella le gustan mayores»; una de esas canciones que genera «ambivalencia» en la vocalista de Aterciopelados: «Entiendo que hay una cosa de liberación, pero me parece que al final lo que hacen es coquetear con el otro lado».

Con información de 2001.

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